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3 de enero de 2020

Juan TH, como siempre, con toda la razón del mundo

Leer a Juan TH para mi siempre ha sido una prioridad. Sus análisis y juicios siempre están comprometido con las buenas causas y la defensa de una sociedad que como la nuestra, va en  caída libre hacia un precipicio insondable, de donde posiblemente no podremos salir.  En esta nota, Juan TH nueva vez brinda una perspectiva objetiva, señalando, con precisión milimétrica, cual es el rumbo que marca la sociedad dominicana al ritmo del reguetón, el pantalón bajos las nalgas  y la vulgaridad. Que Dios nos agarre confesados.  

  DISOLUCIÓN SOCIAL Por JUAN T H
                                         
No sé hasta dónde los verdaderos dueños del país: empresarios, industriales, comerciantes, creadores de empleos y de riquezas, los que echan el carro del progreso hacia adelante, de un modo o de otro,  han hecho conciencia del derrotero que desde hace 20 años aproximadamente, lleva la sociedad dominicana. No sé hasta dónde  abogados, ingenieros, médicos, maestros, científicos, intelectuales, periodistas, historiadores, comunicadores, políticos, dirigentes de la sociedad civil, están preocupados por lo que está sucediendo en nuestro país en estos momentos.

El 31 de diciembre, esperando el 2020 junto a buena parte de la familia, terminé de comprobar el nivel de disolución de la sociedad dominicana. Y me sentí aterrado. Durante unas dos horas me vi obligado a escuchar a “manberos” y “reggaetoneros”. Sentí que mis oídos explotaban escuchando tantas obscenidades, vulgaridades, estupideces y disparates. No entiendo en qué momento el mal gusto se adueñó de nosotros, cuándo fue que esos “artistas”, con un léxico que no llega a las cien palabras tomaron por asalto la radio, la televisión y las pistas de baile.

Los “éxitos” “artísticos”  que escuché lastimosamente, y que tristemente escuchan y bailan nuestros hijos,  llaman al consumo de drogas, la violencia, el crimen, el narcotráfico, la infidelidad, la desobediencia de hijos hacia los padres, etc. ¡Pura basura!. Me pregunté. ¿Y dónde estaba la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía cuando grabaron esas “canciones”? ¿Si resucitaron a Quirinito por qué no hacen lo mismo con doña Zaida Ginebra viuda Lovarón?

Es como si la sociedad fuera una letrina y los “manberos” y “reggaetoneros” se sentaran a defecar sobre ella sin ningún pudor. Al contrario, se sienten estimulados por los aplausos de un público enajenado, embrutecido y transculturizado, que hace tiempo perdió el sentido crítico y el buen gusto por  el arte y su belleza creativa.

Tanto auge y éxito económico tienen esos “géneros musicales”  que la “prensa especializada” los premia  y  hasta los sigue en las  redes sociales donde tienen millares de seguidores. Cuando escucho las letras de los “artistas de calle”, cuando los oigo “cantar” me pregunto porque no fueron a la escuela y se alfabetizaron, por qué no asistieron a una escuela de canto para aprender a solfear. (Hay una diferencia enorme entre música y bulla, entre melodía y ruido, entre lo bella y lo feo)

Lo que ocurre en ese ámbito artístico, la degradación, el culto a lo feo, al mal gusto, a lo estrafalario y vulgar, es lo que sucede con  la práctica política. Políticos analfabetos, sin escrúpulos, sin escuela, sin formación cultural, sin intelecto, que jamás sufrirán de un derrame cerebral. En el gobierno ocurre lo mismo: funcionarios desafinados, corruptos, robando sin pagar ninguna consecuencia, mintiendo y engañando a la gente. Y nada pasa.

Lo han dicho otros mejor que yo: El daño ético y moral que le ha hecho el PLD al pueblo dominicano es mayor que el daño material. Si aún no sanamos las heridas del autoritarismo y el conservadurismo dejado por la tiranía de Trujillo, a más de 60 años de su asesinato, necesitaremos no sé cuántas décadas para curar las llagas del cáncer con metástasis, que dejarán los gobiernos del PLD.

La disolución social, como instrumento de poder y control político está en marcha hace años. 

Detengámosla. ¡Llegó la hora del cambio!
El país que le dejaremos a nuestros hijos y nietos será una selva, cada vez más inhumana y brutal.






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