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10 de junio de 2015

Gilberto G. García Fajardo, integridad sin límites


Gilberto G. Garcia Fajardo


Cuando alguien tenga el tiempo, la dedicación y la capacidad real  para  escribir la historia reciente de la aviación de República  Dominicana, y abordar esa tarea con un enfoque objetivo, libre de parcialidades y  pasiones personales, saldrán a relucir algunos nombres de algunas personas, cuyos aportes al sector no dejarán lugar a dudas. Pero dentro de ese grupo existe alguien cuya trayectoria en el ámbito aeronáutico ha trascendido, situándose en un lugar reservado solo aquellos hombres integridad profesional y moral a todas pruebas, me refiero a Gilberto Gervasio García Fajardo. Fajardito, como se le suele llamar, nació en Puerto Plata, donde creció junto a su familia, en una zona cercana donde hoy se ubica el Aeropuerto Internacional Gregorio Luperon. 

Como muchos de sus compañeros de  labores, conocí a García Fajardo a mediado de la década de los años setenta, en el Secretariado Técnico de la Presidencia, cuando participamos en  las pruebas académicas, cuyo objetivo era seleccionar   a los candidatos, que  optarían por el curso básico de control de tránsito aéreo. Esta actividad se realizó bajo los auspicios de la Organización de Aviación Civil Internacional  (OACI),  a través del  PNUD de Naciones Unidas. El curso seria supervisado por el Señor Rodríguez  Benedetti, quien fungió como asesor internacional  del curso. García Fajardo resulto uno de los seleccionados. 

Meses después, no  encontramos de nuevo con Fajardo, en un aula localizada en el área de la oficina de Regulaciones Aeronáuticas de la tercera planta del Aeropuerto Internacional de Las Américas. En ese sitio emprendimos un maratón de todo contra todos, en un curso teórico básico de aeródromo, en el que  las mejores 10 calificaciones al final del curso representarían 10 becas para viajar a  México para  completar en ese país el curso de aeródromo, aproximación y áreas procedimental.

A partir del inicio del curso,  todos comenzamos  a valorar la capacidad y personalidad de Fajardo. Durante el desarrollo del  mismo Fajardo fue  de los estudiante de punta, logrando calificaciones siempre excelentes, cuando lograr un 98  de 100 en la calificación, era un verdadera tragedia, para cualquier de los estudiantes de vanguardia.  Y además,  cuando los lunes  de repente nos dábamos cuenta de algunas ausencias y cuando averiguábamos las causas, se informaba que habían sido llamado a la oficina y separado del curso por asunto de “notas”.

Fajardo fue de los seleccionados para viajar a México D. F.  al Centro de Adiestramiento Internacional de  Aviación Civil (CIAAC), donde llegó en noviembre el 1975, junto a otros Becarios. En el Distrito Federal se  estableció donde Doña Meche, una amable dama dueña de un hospedaje, localizado en la calle Colima,  de la Colonia Roma en México D. F., lugar, cuyo ambiente casi hogareño, era adornado por dos amables damas,  hijas de Doña Meche que le hacían gran  honor a la belleza de mujer azteca. La convivencia con Fajardo en el hospedaje de Doña Meche  y en los apartamentos que habitamos luego,  fue ideal. En esos sitios Fajardo hizo  gala de sus dotes de compañero y sus habilidades culinaria, cuando disfrutar una comida dominicana era un verdadero privilegio. 

La presencia de Fajardo en el aula del CIAAC en el área del Aeropuerto Internacional Benito Juárez fue de motivación para el grupo,  siendo determinante para el éxito del grupo II-1-26 del CIAAC, 1975/1976 del que formamos parte. A pesar de algunas designaciones de “dedo” para liderar el grupo en México,  Fajardo asumió el liderazgo del grupo de manera natural,  y aunque hubo también  otros que pretendieron hacerlo auto designándose, no se tardó para identificar las dotes de fajardo en el liderazgo. En el aula también Fajardo debió “bregar” con el simulador “Link” de Mr. Dollman, y la meteorología  del Coronel Celaya, quien nos hizo conocer los “recovecos” de un pronóstico meteorológico de aviación, dirigiéndonos cuando tuvimos que aprendernos la maraña de rutas aéreas del espacio aéreo mexicano.

Terminado el curso y graduado con honores, Fajardo regresó al país, como todos,  integrándose a las labores como controlador de tránsito aéreo, actividad en la que progresó de manera acelerada y en poco tiempo ya estaba dirigiendo el KLM-700, VA-800, y el Clipper 440, vuelo que le dañaba la noche a cualquiera. Además  recibía  estimados en “Sierra Key”, Karman, Sánchez y Mella entre otros puntos. Fajardo no tardó para convertirse en líder de grupo, en base a su desempeño en el puesto de control, como en su capacidad para la gerencia de los grupos de trabajo, donde nunca asumió conductas prepotentes, ni nada que se parezca y tratando de colaborar en todo, como hasta ahora. A Gilberto G. García Fajardo todos los respetaban y lo respetan.  

Como a muchos, tocó a Fajardo asumir la carga laboral del multi-empleo, cuando la entonces Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) se aletargó,  tanto  en término condiciones salariales como en lo  laboral. Para entonces ya la fama profesional y de hombre serio de Fajardo se conocía en todos los ámbitos del aeropuerto. Como despachador,  García  Fajardo  fue requerido por la mayoría de las aerolíneas que servían al Aeropuerto Internacional de Las Américas. Sin embargo, García Fajardo se incorporó de manera  especial a la aerolínea VIASA de Venezuela, donde asumió como despachador oficial, pero con responsabilidades mayores que le fueron  delegadas por los gerentes generales enviados desde Venezuela a República  Dominicana. En VIASA Fajardo mandaba.

Los compromisos laborales  asumidos por los controladores aéreos,  luego de la luchas gremiales en la entonces DGAC  en el año  1993, retrotrajo a Fajardo a  dedicarse exclusivamente,  al ejercicio pleno del control de tránsito aéreo  en la DGAC. Entonces en el 1994  regresó a  México D. F. donde completó con éxito, su  curso práctico de Controlador Radar bajo la dirección de profesor Heredia. Luego de habilitarse, como controlador radar, asumió funciones en la actividad profesional en la que ha laborado de manera incansable, mostrando la naturaleza de una persona especial  que nació para el trabajo y la colaboración.
  
Fajardo fue electo como Presidente de la Asociación Dominicana de Controladores  Inc. (ADCA), cargo que ocupó por corto tiempo, por razones que él entendió le imposibilitaba continuar como máxima autoridad. Sin embargo,  siempre ha formado parte de ella, no importando  las circunstancias. Es que en su dedicada carrera profesional en el ámbito aeronáutico de República  Dominicana, ha tocado a Fajardito asumir roles de trascendencia mayor. En cada caso ha desempeñado esas funciones con altura y responsabilidad, pero funciones que ha tenido el suficiente valor y seriedad de declinarlas, antes de abandonar sus convicciones personales o cuando ha vislumbrado,  no  poder cumplir sus cometidos  por razones ajenas a su voluntad, lo que  moralmente  es  más que correcto.

García Fajardo sigue laborando igual que siempre o, posiblemente,  con más intensidad que nunca. A pesar del tiempo, Fajardo sigue siendo respetado y admirado por todos, tanto por los que le conocimos hace buen tiempo, como los que al conocerlo ahora,  se asombran de ver a  una persona con tanta energía y  deseo de trabajar, pero sobre todo con una decisión perenne de hacerle bien a los demás. 

1 comentario:

Augusto Perez dijo...

Muy acertados tus comentarios ignacio sobre parte de la vida profesional de nuestro siempre querido FAJARDITO.